Si bien tengo una especie de imán para lo paranormal, esta historia no la viví y tampoco nadie a quien conozca, pero llegó a mi hace un par de semanas. Al principio me costó creerlo, pero investigué y resultó ser cierta palabra por palabra.
Esta historia relata un suceso extraño que vivieron dos chicas de unos diecinueve años, quizá veintidos, nadie se pone de acuerdo con respecto a la edad, pero eran jóvenes, de eso no me cabe duda. Sus nombres eran Ariadna y Katy, y eran las mejores amigas que cualquiera haya visto, desde niñas. Siempre habían estado juntas y eran casi como hermanas. Esto no cambió al crecer, ya que decidieron estudiar en la misma universidad, y al irse ambas de sus hogares, donde vivían con sus padres, alquilaron un apartamento para las dos en un edificio de al menos treinta pisos. Las chicas estaban fascinadas al haber obtenido su residencia en lo más alto, siendo la vista muy hermosa desde cualquier ventana.
Ariadna solo atendía a sus estudios, mientras que Katy ya tenía un trabajo, el cual resultaba ser muy complicado al ser de madrugada. Ella salía a las diez de la noche y no regresaba hasta el día siguiente. Era un trabajo de limpieza en un edificio que se mantenía abierto las 24 horas, así que Ariadna se quedaba sola toda la noche.
Cada vez que Katy se iba y Ariadna se disponía a revisar sus tan importantes estudios, recibía una visita inesperada, todas las noches despues de las doce, cuando la oscuridad y el silencio reinaban tanto fuera como dentro del apartamento, una mujer con un rostro demoníaco, ojos carmesí y piel pálida y arrugada, se asomaba por la ventana de su habitación, mirando fijamente a Ariadna, sonriéndole, como ansiosa por entrar solo ella sabía con qué intención. Ariadna permanecía petrificada, sin poder gritar, ni moverse, mientras aquella cosa, utilizando sus largas y horribles uñas, arañaba el cristal tratando de debilitarlo para poder entrar.
Ariadna, siendo una chica criada en una familia con una historia repleta de eventos sobrenaturales, mantenía una vela encendida frente a la ventana, y aparentemente solo esta especie de resguardo parecía ser lo que evitaba que aquella terrorífica aparición entrase. Tras permanecer allí varias horas, simplemente desaparecía, y era entonces cuando Ariadna, con lágrimas en los ojos, podía por fin recuperar su movilidad y lograba quedarse dormida hasta el día siguiente, cuando Katy regresaba por la mañana.
Al llegar Katy se encontraba a su amiga despierta, algo nerviosa y con su rostro indicando la falta de descanso. Ella sabía perfectamente lo que afectaba a su amiga ya que Ariadna ya le había comentado sobre las visitas nocturnas que recibía. Katy era bastante escéptica respecto a esas cosas, y más bien acusaba a Ariadna de estudiar demasiado y tener visiones.
Así transcurrieron muchas noches, hasta que un día tuvieron una conversación bastante particular.
-Ariadna, no estoy segura de lo que te pasa, pero me preocupa verte todas las mañanas dormida abrazada a tu almohada como si te fuese la vida en ello. Además esa vela encendida va a provocar un incendio en cualquier momento mientras duermes. Dime qué puedo hacer para ayudarte.
Katy estaba muy preocupada por su mejor amiga, pero Ariadna, lejos de entrar en esa conversación, prefirió recordarle un evento que ambas habían vivido cuando eran apenas unas niñas curiosas, algo que no había terminado demasiado bien en aquel entonces.
-Katy, quiero pedirte perdón, ahora después de tanto tiempo te suplico que me perdones, por aquella vez que siendo pequeñas te obligué a jugar a ese endemoniado juego conmigo, pensando que no iba a pasar nada. Después algo espeluznante entró en tu cuerpo y te mantuvo dos semanas actuando como si fueses otra persona, alguien violento y lleno de odio, para luego dejarte en una especie de trance y desaparecer. Yo no sabía lo que hacía, pensé que era solo un juego. Jamás se me ocurrió que iba a pasar todo esto.
A medida que Ariadna se disculpaba con Katy por aquel suceso ocurrido hace tanto tiempo, temblaba y lloraba cada vez más, hasta que su amiga la interrumpió para intentar consolarla y, obviamente, apoyarla.
-Ari, eso ya ha pasado, y yo nunca te culpé a ti. Tampoco creo que algo haya entrado en mi cuerpo, fue solo un problema psicológico que tuve, tal vez por la edad y la impresión, pero eso ya no importa. Aparte creo que debo ir a ver al médico. Todas las noches cuando estoy en el trabajo me da mucho sueño y busco un lugar donde dormirme y no me despierto hasta la mañana. Por suerte nadie me ha descubierto pero no creo que sea normal. ¿Sabes qué? Esta noche no iré a trabajar, me voy a quedar aquí contigo Ari, eres mi mejor amiga y si alguna bruja se cree que puede volar hasta la ventana para asustar a mi amiga está equivocada, le haremos frente juntas.
Las palabras de Katy, lejos de reconfortar a una ya perturbada Ariadna, lo que hicieron fue disparar su pánico como nunca antes le había pasado, como si la sola idea de que algo así pasase le hiciese perder la razón.
-No, Katy tu debes ir a trabajar. No quiero que te quedes aquí, es muy peligroso, no quiero que veas esa cosa. No te preocues, yo la controlo. No podrá entrar mientras tenga esa vela allí, no lo hará.
-Lo siento Ariadna, pero ya está decidido, hoy me quedo contigo. Verás que nada malo te pasará.
Después de escuchar la determinación de su amiga y de comprobar lo mucho que se preocupaba por ella asintió despacio, con resignación, y aceptó la idea de su amiga Katy.
Ese día las dos chicas conversaron, rieron y pasaron un momento inolvidable, pero por algún motivo era como si Ariadna estuviese despidiéndose de Katy, sin decírselo realmente. Al llegar la noche ambas se dispusieron a dormir, no sin antes Katy darle un último resguardo a Ariadna.
--Ariadna, esta noche yo te cuidaré, pero si ese demonio llegase a entrar tócalo con esta cruz que me regaló mi abuela -dijo entregándole un precioso colgante de oro-. Según ella esto lo quemará y así nunca más volverá.
Ariadna empuñó la cruz con lágrimas en los ojos, mientras Katy se quedaba dormida, pero antes de hacer lo propio, escribió una nota, la colocó sobre su pecho y se durmió.
Nuevamente el silencio se apoderó del cuarto justo a la medianoche, y Ariadna fue despertada por una sonrisa macabra que, esta vez, provenía desde dentro, muy cerca de ella. Al retirar lentamente la sábana que cubría su aterrada mirada pudo ver a aquella horrible mujer mirándola fijamente, sosteniendo entre sus huesudas manos la vela que tantas noches la había protegido, para luego apagarla de un soplido.
Ariadna no podía moverse, y aquella cosa se acercaba más y más a ella. Sus largos brazos y manos la tomaron del cuello, evitando que el aire pasase a su garganta. Los ojos se le desorbitaban y la sangre salía de ellos, mientras era ahorcada con una enorme fuerza. Lo único que pudo hacer fue tocar la frente de aquella cosa con la cruz que le dio su amiga, logrando que el ser que la atormentaba la soltase y se retirase profiriendo un alarido infernal, aunque, de todos modos, Ariadna murió.
Al día siguiente, cuando los rayos del sol entraban por la ventana, Katy despertó, y lo primero que vieron sus ojos fue a su amiga estrangulada. La chica lloraba desconsolada, no entendía cómo no se percató de nada, y mientras sollozaba encontró la nota en el pecho de Ariadna, con un mensaje que decía:
"Amiga, siento mucho lo que pasó cuando éramos niñas, pero ya no puedo seguir viviendo así. Realmente lamento que hayas tenido que vivir con esa cosa dentro de ti, pero al morir yo creo que estarás liberada.
Adiós, tu amiga por siempre"
Katy dejó caer la nota impresionada, sin entender qué pasaba. Estuvo varios minutos en shock, hasta que un terrible ardor en su frente la sacó a la realidad. Fue a mirarse al espejo y, sin dar crédito a la imagen que el espejo reflejaba, vio claramente la marca de la cruz en su frente, revelando quién era ella y todo lo que Ariadna le había estado ocultando. Katy se quedó inmóvil, giró su cuerpo hacia la ventana y caminó despacio para abrirla y, con una sonrisa macabra en su rostro y unos ojos rojos como la sangre, se lanzó al vacío.
Fue el final de una larga amistad, tal vez demasiado larga.