Querida Lucy.
Supongo que ya sabes dónde estoy, y sé que me culpas por lo que pasó, pero te juro que las cosas no pasaron como tu crees. Sé que no hay nada que puede hacerse, sé que nunca podrás perdonarme, pero te escribo estas palabras para que sepas que nunca te olvidaré.
Hace un par de meses lo conocimos, ¿lo recuerdas? A ese chico tan misterioso, con el pelo rubio largo cortado a capas y atado en una trenza, me pregunto por qué. Recuerdo sus ojos verdes, esos intensos ojos que nos torturaron a las dos. Era muy carismático, sincero y abierto. ¿Descubriste al final su nombre? Porque yo sí. Se llamaba David.
David y yo nos hicimos amigos en cuanto nos vimos, y cada vez que sus ojos se encontraban con los míos yo sentía un calambrazo dentro de mí, algo muy difícil de explicar. Sentía calor y frío al mismo tiempo, y que todo era posible. ¿Y cómo no serlo siendo quién es él? Es uno de ellos, un vampiro, y fue su sangre la que me transformó cuando mi coche chocó contra aquella torre de alta tensión.
He tenido tiempo para pensar desde el accidente, y aunque crees que estoy muerta tal vez en el fondo te equivoques. Ahora mismo estoy viendo algo impresionante: la torre de Tokyo. Sí, sabes que siempre he querido ir a Tokyo, mi pequeño paraíso, pero dime amiga, ¿qué se puede esperar de alguien como yo? Creerás que te traicioné, pero te juro que no es así. Él me eligió a mí, y ojalá no hubiese pasado porque te he perdido.
Recibirás esta carta cuando casi lo hayas olvidado todo, cuando ya no recuerdes mi voz o mi aspecto, pero te quiero Lucy, en el fondo te quiero, y por eso me he ido. No podría soportar verte morir, eres mi amiga, mi hermana, y más que eso sabes que te quiero, con todo mi corazón, como tú nunca podrás quererme a mí. Es injusto que pase el resto de la eternidad enamorada de una chica que conocí en el pasado, pero no puedo evitarlo. Cuando te transformas en vampiro todo se intensifica de un modo que no puedo explicar. Mis manías, mis desvaríos y mis sentimientos... lo siento todo a flor de piel y casi me da miedo, pero también es algo maravilloso. Sé que te parecerá egoista pero no quiero que sientas algo así, porque eres demasiado noble como para sentirlo, y sentimientos así te volverían loca.
Tengo que despedirme ya, mi pequeña Lucy. Espero de corazón no volver a verte porque, si te veo una sola vez más, sé que te condenaré a esta vida y es algo que no quiero para tí.
Tuya siempre,
Eleanor.